Qué lleva una persiana motorizada
El motor tubular es un cilindro que se aloja dentro del eje, en el propio cajón, de modo que desde fuera la persiana se ve igual que antes. Uno de sus extremos se fija al soporte de la pared y el otro hace girar el eje. Al motorizar, la cinta y el recogedor sobran: los retiramos y tapamos el hueco para que la pared quede limpia.
El motor se gobierna con un pulsador cableado desde un punto de corriente cercano o con un mando a distancia, si prefiere no pasar cables. Hay mandos para una sola persiana y otros que agrupan varias, algo muy práctico cuando se quiere bajar todo el salón o una planta entera con un solo gesto.
Qué necesita su persiana para admitir motor
Casi todas las persianas enrollables lo admiten, pero hay que comprobar tres cosas: que el cajón tenga sitio para el eje con el motor dentro, que el paño corra suelto por las guías y que haya corriente cerca de la ventana. Una persiana que ya se atasca a mano se atascará igual con motor, así que primero la ponemos a punto.
La fuerza del motor se calcula según el tamaño y el material del paño. Una persiana de aluminio con aislante en un ventanal de terraza no pide lo mismo que una de PVC en el ventanuco del baño. Un motor escaso sufre y se calienta; uno sobrado castiga las lamas al llegar arriba. Elegimos el que corresponde a su persiana.
Finales de carrera bien ajustados
Los finales de carrera le indican al motor dónde detenerse, arriba y abajo. Mal regulados, la persiana se mete de más en el cajón y tensa los enganches, o se queda corta y deja una rendija de luz sobre el alféizar. Al terminar la instalación los ajustamos con la persiana en su sitio y repetimos el recorrido varias veces.
Con el uso el paño se asienta y a veces hay que retocarlos. Si nota que la persiana ya no cierra del todo o que golpea al subir, avísenos: suele ser un ajuste sencillo que evita que el motor trabaje forzado o que alguna lama acabe partida contra el cajón.
Motores averiados y cambio de motor
Un motor que zumba sin mover la persiana, que se para a mitad de recorrido o que responde solo a ratos puede tener varias causas: un final de carrera desajustado, un pulsador con los contactos dañados por la humedad, un corte en el cable o un motor agotado. Lo comprobamos por partes antes de darle un diagnóstico.
Si el motor ya no tiene arreglo, lo sustituimos por otro de fuerza equivalente y revisamos de paso el eje y los soportes. Y si una persiana motorizada se queda bloqueada abajo en plena noche, lo primero es dejarla operativa o, al menos, recogida y segura hasta completar la reparación.



