Viento de mar abierto
En una urbanización tan expuesta, el viento es el principal enemigo de la persiana. Una ráfaga fuerte con el paño a media altura puede sacar lamas de la guía, doblar la lama final o forzar los enganches del eje. Por eso le aconsejamos, en días de temporal, dejar la persiana subida del todo o bajada del todo, nunca a medias.
Si el viento ya ha hecho de las suyas, revisamos guías, lamas y enganches, sustituimos las piezas dañadas y comprobamos que el paño vuelve a enrollarse recto. En las fachadas más castigadas, le explicamos qué lamas y qué guías resisten mejor esos empujones. A veces basta con reforzar los topes de la lama final para que el paño deje de golpear contra el marco cuando sopla fuerte.
Salitre y sol sin obstáculos
Aquí el aire llega cargado de sal y el sol no encuentra nada que lo frene. Las cintas se quedan rígidas, los rodamientos se oxidan y las lamas de PVC pierden flexibilidad antes que tierra adentro. Una revisión periódica —limpiar guías, cambiar la cinta a tiempo, ajustar topes— alarga mucho la vida de la persiana.
Muchas casas de la zona se usan sobre todo en vacaciones y el resto del año permanecen cerradas. Si la suya es una de ellas, le proponemos revisar las persianas al llegar o antes de marcharse, para que los meses de humedad no las dejen bloqueadas. Un paño limpio, una cinta flexible y unas guías sin costra de sal son la mejor forma de encontrar la casa tal como la dejó.
Algo más lejos, el mismo servicio
Balcón al Mar queda a unos 7,5 km de nuestra base de la Avenida del Trenc d'Alba, por una carretera de curvas. No cambia nada: atendemos igual a cualquier hora y acordamos la visita al llamar. De noche le pediremos indicaciones precisas, porque las calles de la urbanización se enroscan por la ladera.
Si su casa tiene varias persianas grandes y quiere manejarlas con comodidad, también motorizamos: con un mando puede bajar todas las de la fachada que da al mar antes de un día de viento, sin recorrer la casa ventana por ventana.



